REFLEXION
LA CONFIANZA
Hemos llegado al final de la jornada de Miedosa. Esta alegoría del libro nos lleva al misterio mas grande de la vida de Jesús, su resurrección. Miedosa ha pasado por la experiencia del sacrificio, muerte y ahora la nueva vida en el cielo. Esta es la invitación que nos hace Jesús al seguir su camino tomando cada uno nuestra cruz, hasta entrar en su gloria con la esperanza de la resurrección. Pero mientras caminamos en la tierra comprendemos muy poco; Miedosa no entendía nada pero decidió confiar una y otra vez. Esta fue la clave para su salvación: la confianza y la perseverancia."Entonces Jesús les dijo:¡Qué faltos de comprensión son ustedes y qué lentos para creer todo lo que dijeron los profetas!¿Acaso no tenía que sufrir el Mesías estas cosas antes de ser glorificado?” (Lucas 24, 25-26).
LA CONFIANZA
Hemos llegado al final de la jornada de Miedosa. Esta alegoría del libro nos lleva al misterio mas grande de la vida de Jesús, su resurrección. Miedosa ha pasado por la experiencia del sacrificio, muerte y ahora la nueva vida en el cielo. Esta es la invitación que nos hace Jesús al seguir su camino tomando cada uno nuestra cruz, hasta entrar en su gloria con la esperanza de la resurrección. Pero mientras caminamos en la tierra comprendemos muy poco; Miedosa no entendía nada pero decidió confiar una y otra vez. Esta fue la clave para su salvación: la confianza y la perseverancia."Entonces Jesús les dijo:¡Qué faltos de comprensión son ustedes y qué lentos para creer todo lo que dijeron los profetas!¿Acaso no tenía que sufrir el Mesías estas cosas antes de ser glorificado?” (Lucas 24, 25-26).
En el capitulo anterior, Miedosa ya experimentaba el cielo, el perfecto
estado de armonía, gozo y paz, con plena conciencia y absoluta actitud de
alabanza, estaba centrada completamente en el Creador al admirar y agradecer la
belleza que la rodeaba y el milagro de su propia transformación que ahora veía
todo con nuevos ojos.
En este capitulo llegamos al tercer día, y al igual que en la
resurrección de Jesús, ella se despierta al gozo pleno que invade todo su
cuerpo. Su corazón percibe una VOZ que la invita al encuentro y sale en su
búsqueda. Ha llegado el día de la verdad, donde se encontrará cara a cara con
la Majestad Divina para contemplar su rostro sin deslumbrarse mas por la fuerza
de su luz.
En el libro del Exodo 33,20; “Dios
le dijo a Moisés: Pero te aclaro que no
podrás ver mi rostro, porque ningún hombre podrá verme y seguir viviendo”. No podemos contemplar su rostro, así nos
creó; la verdad nos enceguece en nuestra vida terrena porque es incomprensible
racionalmente, la verdad nos asusta, intimida y a veces enoja. No tenemos
capacidad de contemplar la grandeza de Dios, pero sabemos que llegará ese día
en que podamos vernos tal cual somos y mirar sin temor la gloria de Dios con la
conciencia. Llegará aquel día en que esperamos estar preparados para el
encuentro y abrazarnos en el amor infinito de los brazos de Dios para fundirnos
en El y nunca más apartarnos de su voluntad.
Este cielo anhelado es el que ha alcanzado Miedosa y ahora solo le falta
encontrarse con el dueño de su alma. La imaginamos corriendo y saltando con sus
pies ágiles como de cierva, dando pasos seguros hacia la cima donde la guían
aquellos pequeños ciervos. Su Pastor la espera sonriente y revestido de
majestad y grandeza. Jesús la recibe dándole un nuevo nombre: ¡GRACIA Y GLORIA!
Delante de Jesús la conciencia de Gracia y Gloria es aclarada en la
verdad; por fin puede comprender
el misterio del AMOR; entiende que su amor egoísta debía de ser desarraigado,
arrancado y quemado en el fuego, para no obstaculizar la acción del amor
incondicional que ama sin esperar ser amado. Por fin entendió el porque Jesús
lo había sembrado en su corazón
cuando ella acepto la espina con dolor y era porque el amor incondicional va
acompañado de dolor y sacrificio. En este momento ella comprende finalmente el
valor de su renuncia dolorosa en cada altar, y el porque cada pequeña
piedrecita de sus ofrendas ahora es una joya preciosa. Poco a poco su
conciencia se aclara e ilumina, y ella comprende que en cada paso de su
recorrido había un sentido trascendente. Ahora puede dar gracias por no haber
sucumbido ante la tentación y la prueba.
Gracia y Gloria se ha ganado esa corona que ahora hace resaltar su
verdadera belleza. No puede existir cosa mas grande para nosotros los
cristianos, que la hermosura de un hijo de Dios que se ha hecho merecedor de la amistad con Dios,
es decir, que alcanzó a vivir en santidad. Esta perfección cristiana se logra
tan solo por haberle dicho SI a la voluntad divina a lo largo del camino. Llegar al cielo es muy simple aunque no
es fácil, tan solo basta decir que si a Dios, como hizo María, con aceptación y gozo. ¡Y muy
pocos entendemos este mensaje!
Tenemos que convencernos de
que en cada renuncia de nuestros deseos por amor a los demás, o en cada
sacrificio y aceptación, vamos coleccionando joyas que nos adornarán de belleza
delante de los ojos del Dios de Amor. Me encanta como Jesús mismo adorna de
esas joyas a su pequeña amada Gracia y Gloria, mientras que ella va recordando
con alegría todas esas pruebas de amor que Jesús le dio en el camino, cuando
ella todavía caminaba vacilante.
Ir aprendiendo a vivir el amor incondicional y liberarnos de egoísmo, es
el desafío de nuestra vida. Es necesario CONFIAR que no estamos solos y que
nuestro guardián no duerme ni descansa, que siempre nos da señales en el camino
para no perdernos, pero hay que perseverar en la fe. ¡Que fácil escuchar la voz de Dios en el
silencio de la oración o en el resonar del eco de la naturaleza creada que nos
grita con su belleza y esplendor! ¡Que fácil sentir su abrazo cuando nos damos
con generosidad, sinceridad y alegría a los demás! ¡Que fácil vivir el cielo
aquí en la tierra cuando entramos en armonía con su voluntad que es amor! ¡Que
necesario despertar nuestra conciencia a la verdad! “Pero
cuando una persona se vuelve al Señor, el velo se le quita. Porque el Señor es
el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por eso, todos nosotros, ya sin el velo
que nos cubría la cara, somos como un espejo que refleja la gloria del Señor, y
vamos transformándonos en su imagen misma, porque cada vez tenemos más de su
gloria, y esto por la acción del Señor, que es el Espíritu.”(2 Cor 3,16-18)
¿Y que paso con Pena y Congoja? No desaparecieron ni escaparon de su
presencia, sino que se transformaron en su permanente compañía ahora como Gozo
y Paz, eso que ella siempre había anhelado.
En resumen, concluimos que a pesar de que en el mundo nos invada el
miedo y nos acompañe la pena y el sufrimiento, si caminamos con confianza
tras las huellas del Pastor, encontraremos la libertad. Y como recompensa a
nuestra fidelidad, amor y perseverancia, alcanzaremos la plenitud, el gozo y la
paz. ¡Que alegría!
Bendiciones
Ana María
