REFLEXION
CAPITULO 2
"La Duda"
En este Capítulo analizamos otro aspecto del temor que nos debilita y desanima; la duda. Aunque también puede acercarnos a un mayor conocimiento de la verdad, no descartamos la inconveniencia de sus posibles efectos.
El anhelo mas profundo de todo ser humano es ser amado y vivir en libertad; la promesa del amor nos llena de esperanza y sabemos que la verdad nos hace libres. Pero así como junto al trigo crece la mala hierba o cizaña, también junto al AMOR crece la duda o la desconfianza que puede destruirlo o hacernos huir de el.
Miedosa había sido inundada de una felicidad y gratitud inmensas en el encuentro con el Pastor, pero también sus temores estaban a flor de piel. Se preguntaba si verdaderamente alcanzaría a llegar a los lugares altos y podría tener pies de cierva. ¿Sería un sueño?, ¿Serían verdad esas promesas? ¡Todavía no podía confiar en el amor!
La CONFUSION es el fruto de la duda. Nos perdemos en ella a veces por ignorancia, por falta de fe o cobardía de enfrentar la verdad, también la soberbia nos induce a creer que lo sabemos todo y nos lleva a caer en la terrible confusión tarde o temprano. Ante la tentación surge la duda y si no estamos anclados en la verdad que es Jesucristo quedamos confundidos y podemos caer en el error o el pecado. Que importante ver esta realidad humana que vuelve al mundo un desorden. En estos tiempos estamos experimentando la confusión principalmente en el nivel moral. Unicamente se puede encontrar la verdad en Dios, por eso su ley nos guía en el camino correcto ya que nosotros no podemos definir lo que nos conviene porque estamos limitados en nuestra visión de lo espiritual y eterno. Sin embargo la autosuficiencia de la sabiduría humana sin Dios, genera nuevas “leyes” que no pueden guiarnos hacia la libertad porque están alejadas de la verdad. Estas leyes humanas generan dudas como: ¿El aborto no es un crimen?, ¿La homosexualidad no es un desorden sexual sino una condición humana natural?, ¿La marihuana no es dañina porque no es adictiva?, ¿El matrimonio no es necesario para hacer perdurar a la pareja?
Los soberbios quedarán confundidos porque Dios se revela a los humildes (Lc 1, 52-53). Y es humilde la persona que se acepta por lo que es; que reconoce sus limitaciones, capacidades y talentos pero que a su vez también reconoce la grandeza de Dios, dador de todos los dones. Sabe que Dios es capaz de transformar la timidez en seguridad, la limitación en talento, la debilidad en fortaleza; porque Dios todo lo puede. Sin embargo, el orgulloso no reconoce los regalos de Dios como un don gratuito; se apodera de sus capacidades y talentos, y acaba por creer que no necesita de Dios; se endiosa a sí mismo. El soberbio crea sus propias leyes y decide lo que conviene de acuerdo a sus deseos, ignorando la ley de Dios. ¿No es esa misma tentación de la serpiente que sedujo a Adán y Eva para hacerlos autosuficientes? Ante esa apetecible propuesta de ser como dioses, cayeron nuestros primeros padres y esta historia se repite continuamente en la historia de todo ser humano. Los que caen en la tentación de la autosuficiencia, por un tiempo se mantienen fuertes, invencibles y autónomos, hasta que llega una prueba terrible como la enfermedad o la muerte dejandoles ver su impotencia.
Ante esta realidad solo Dios les puede salvar, pero ante la sugestión insidiosa y atractiva de la mentira, surge la duda que deja confusión. Por ejemplo, para desvanecer la seguridad en la fidelidad del esposo, basta un chisme o una calumnia para que surja la duda. Frente a la confianza en el propio talento bastan las criticas envidiosas y surge la duda, frente a la santidad de un sacerdote amoroso, vienen las sospechas y se le desacredita su virtud. O sea que somos confiados hasta entra Satanás en acción. Y entonces ya debilitados por nuestra falta de confianza, el ataque de la mentira puede derrumbarnos.
Así le pasó a Miedosa apenas comenzó a dudar, aparecieron sus parientes dentro de su casa queriéndola secuestrar. Y ella confundida no fue capaz de responder al llamado del Pastor cuando le cantaba en la puerta. ¿Hasta donde la puede llegar paralizarnos nuestra cobardía? ¿Hasta donde llega el pánico a dominarnos para no ser capaces de responder al amor? Necesitamos que Jesús sane nuestra inseguridad para poder confiar en el amor.
Cuando Miedosa se vio atacada por sus parientes, amordazada y sujetada contra la silla y oyó al Pastor. No fue capaz de responder a su Amor ni de luchar con todas sus fuerzas por escapar, pero sin embargo cuando ya se vio perdida y sin salida, cuando el Pastor ya se había ido, entonces si es capaz de dar un grito desesperado de auxilio. Finalmente actuó y pidió ayuda a la vecina. ¿Porque tener que esperar al último momento? ¿Porque no responder a la primera llamada? Este es el caso para todos cuando recibimos la llamada de Jesús. A veces quisiéramos responderle ¡Pero nos paralizan tantas cosas! Tenemos otras prioridades como el trabajo, excusas como la falta de tiempo, impedimentos como la vergüenza, la pereza, la desidia, etc. Pero en general no respondemos ni lo intentamos porque pensamos que ya habrá tiempo para eso. Puede pasarnos como al joven rico del Evangelio, que no fue capaz de dejar sus posesiones para seguir a Jesús, o como a Mateo el cobrador de impuestos, que dejo todo y le siguió. ¿Cual de los dos quiero ser yo?
Equivocarse es humano y experimentar fracasos no nos convierte en fracasados. El problema sería quedarnos estancados, no intentar salir de nuestro error. ¡Miedosa salió de su parálisis y en la siguiente oportunidad pidió ayuda! Dios es misericordioso y muchas veces nos dará una siguiente oportunidad, pero esperemos que sea en esta vida y no tengamos que arrepentirnos demasiado tarde. Por eso es importante responder al llamado y NO quedarse indiferente, sino actuar. A Miedosa le fue difícil acudir al llamado del Pastor al quedarse paralizada de pánico, y no pudo luchar con valentía cuando El todavía estaba a su puerta. Estoy segura que si tan solo hubiera confiado, El le hubiera liberado, pero dudó y dejó pasar el tiempo. Pero hay alguien que la rescata; la vecina, la Señora Valiente. Reflexionemos sobre su carácter y acción: Ella responde sin demora, sin ser intimidada por el enemigo y con la autoridad de quien se sabe resguardada por la verdadera justicia. La señora Valiente les grita a los cobardes: ¡FUERA DE ESTA CASA, esta casa le pertenece a Cristo! y su palabra ejerce tal poder que ahuyenta al enemigo. Ese es el poder es el que nos da la palabra de Dios, el poder del nombre de Jesús que libera cuando lo proclamamos con la firmeza y seguridad de saber que el es quien salva.
La señora Valiente en esta historia nos deja ver que la valentía y el coraje de vencer el miedo nos hace adquirir muchas otras virtudes. Ella manifiesta en su acto heroico la generosidad, la compasión y el servicio. La ternura y amabilidad de su corazón maternal reconfortan a Miedosa para volver a sentirse segura. La imagen de la señora Valiente es el reflejo del mismo Pastor, como si Jesús mismo viviera en ella y la hiciera actuar. Y este es el milagro del cristiano, el llegar a hacerse transparencia viva de Jesús, para actuar de la misma manera que El lo haría, de tal forma que los demás puedan reconocer a Jesús en nosotros siendo instrumentos de su amor y verdad. Esta es la manera de manifestar al mundo que Jesús vive, que cada uno podemos ser sus manos, pies y corazón, para que el mundo crea en el amor que nos salva.
La misericordia de Dios es tan grande que se vale de sus elegidos, de aquellos que desean hacer su voluntad y ser instrumentos de su amor para poder así rescatar a los mas débiles. ¡Cuantos misioneros que han dado la vida por ayudar al prójimo! Muchos evangelizadores de todos los tiempos han sido martirizados por proclamar su fe y transmitir a otros el amor de Dios y su manifestación a los hombres, entregando sus vidas para dar a los demás el gran regalo de la fe. Y es que el amor de Dios nos mueve a ser la verdadera imagen suya, la semejanza del Pastor. En este caso, la Señora Valiente se apareció en la casa de Miedosa al oír sus gritos como enviada por Dios para liberarla de la opresión de sus parientes. ¡Gracias a Dios por todos los valientes que se dejan ser imagen de Jesús, el hijo de Dios en medio de nosotros!